Estructura y densidad del cogollo
El cogollo es un racimo de cálices apretados alrededor de un tallo central. Una buena flor muestra cálices hinchados, bien apilados, con una forma regular que se repite en todo el lote. La densidad depende en parte de la genética: algunas variedades dan cogollos compactos como piñas y otras, puntas más largas y aireadas. Por eso no se busca la máxima densidad a toda costa, sino la propia de la variedad anunciada y, sobre todo, la regularidad de una bolsa a otra.
Apretar suavemente con dos dedos dice mucho. Un cogollo de calidad ofrece una resistencia elástica y recupera su forma. Si se deshace en polvo, está demasiado seco; si queda blando y pegajoso sin volver a su sitio, aún guarda demasiada agua. Los lotes de cogollos pequeños (los llamados popcorn) o de trozos no son necesariamente malos, pero deben anunciarse y valorarse como tales.
Manicurado a mano o a máquina
El manicurado elimina las hojas que rodean el cogollo. A mano, el operario sigue el contorno de los cálices con tijera y deja una flor limpia, de formas naturales, con muy pocos tricomas arrancados. A máquina, cuchillas o tambores giratorios cortan todo lo que sobresale: el rendimiento es muy superior, pero el cogollo puede quedar como cepillado, con bordes planos, cálices cortados y parte de la resina perdida en la máquina.
La diferencia no es solo estética. Un estudio publicado en Frontiers in Plant Science en 2019 observó que el manicurado mecánico de flores frescas multiplicaba las colonias de hongos recuperadas en superficie, probablemente porque las heridas del tejido liberan nutrientes que favorecen el moho. Un buen manicurado, sea cual sea el método, es un indicio de rigor en toda la cadena poscosecha.
Color
Una flor bien cultivada y bien secada conserva un verde vivo, del verde lima al verde botella según la variedad, a veces con matices morados o granates cuando la genética produce antocianinas. Hay que vigilar el amarillo paja generalizado (hoja muerta o secado brusco), el marrón apagado (oxidación, envejecimiento o inicio de podredumbre) y el gris polvoriento (suciedad o moho superficial). Mira siempre con luz de día: la iluminación cálida de una tienda favorece a cualquier flor.
Pistilos
Los pistilos son los filamentos que salen de los cálices. Nacen blancos y se oscurecen hacia el naranja, el óxido y el marrón conforme madura la planta. En flor seca deben estar presentes, pegados a los cálices y con un color coherente en todo el lote. Su color por sí solo dice poco de la calidad, pero pistilos ausentes o arrancados delatan a menudo una manipulación brusca o un manicurado mecánico agresivo.