La respuesta corta: guarda los cogollos, el hachís y los extractos en un recipiente hermético y opaco, sin apretar, en un lugar oscuro entre 15 y 20 °C y, en el caso de las flores, con una humedad relativa del 55 al 62 %. Así, una flor mantiene su aspecto y su perfil aromático hasta 12 meses. En esta guía repasamos cada factor, desde el tarro del coleccionista hasta el almacén de una tienda o un distribuidor.
Actualizado el 17 de octubre de 2026 · Guía experta con fuentes científicas
Cuatro cifras bastan para mantener una flor, un hachís o un extracto tal y como salió del laboratorio de análisis. El resto de la página explica el porqué y los casos especiales.
Estas cifras tienen respaldo. El intervalo de 15 a 20 °C es el que indicamos en las preguntas frecuentes de nuestro catálogo, y coincide con un resultado clásico: en el estudio de estabilidad de Fairbairn, Liebmann y Rowan (1976), las temperaturas de hasta 20 °C no influyeron de forma apreciable en la pérdida de cannabinoides, mientras que la luz fue la causa principal. El margen de humedad procede de la norma ASTM D8197, que fija la actividad de agua de la flor seca entre 0,55 y 0,65.
Los 12 meses se refieren a una flor que sigue en su envase original, en un sitio fresco, seco y oscuro. No valen para una bolsa que se abre a diario en una estantería soleada: ahí el bouquet aromático se apaga en pocas semanas.
Todo lo que da valor a una flor está en sus tricomas glandulares, esas diminutas cabezas de resina que hacen brillar los cálices. Ahí fabrica la planta sus cannabinoides (CBD, CBG, CBN y otros) y sus terpenos, las moléculas aromáticas que distinguen cada variedad. Tras la cosecha y el secado, nada repone ese capital: solo puede disminuir. Conservar bien consiste en frenar esa pérdida.
Los terpenos son volátiles y desaparecen antes que nada. Un equipo del Technion dirigido por David Meiri (Milay et al., Frontiers in Plant Science, 2020) siguió flores durante un año a 25 °C, 4 °C, menos 30 °C y menos 80 °C. De media, más de la mitad de los terpenos se había perdido a los cuatro meses, mientras que los cannabinoides solo habían bajado alrededor de un 26 % en doce meses. El aroma es, por tanto, el mejor indicador de cómo se ha conservado un lote.
No todos los terpenos se comportan igual. Los monoterpenos, moléculas pequeñas como el mirceno, el limoneno o el pineno, se escapan con más facilidad que los sesquiterpenos como el cariofileno. Ross y ElSohly lo midieron en 1996 (Journal of Natural Products): tras una semana de secado y tres meses de almacenamiento, el rendimiento en aceite esencial de los cogollos había caído cerca de un 55 %, y los monoterpenos habían pasado del 92 % al 62 % del aceite. Por eso una variedad cítrica pierde viveza antes que una de notas especiadas y amaderadas. Nuestra guía de terpenos profundiza en estas familias aromáticas.
Los cannabinoides son más resistentes, pero no eternos. El oxígeno, la luz y el calor van modificando poco a poco su perfil, y el marcador más conocido de ese envejecimiento es el CBN, que aumenta con el paso del tiempo, como explicamos en la guía del CBN. Una flor bien guardada seguirá mostrando, meses después, un perfil analítico muy parecido al de su ficha original.
Un cogollo entero es su propio envoltorio: brácteas y hojas de azúcar protegen parte de los tricomas. En el estudio del Technion, las muestras trituradas tenían menos terpenos que las enteras y los perdían más rápido. Regla sencilla: no desmenuces nunca una flor antes de guardarla.
Luz, calor, oxígeno, humedad y manipulación actúan a la vez. Controlar solo uno de ellos no sirve de mucho.
Es el factor más dañino. Fairbairn y su equipo lo señalaron como la causa principal de pérdida de cannabinoides. Los UV rompen moléculas y decoloran el verde de los cogollos. Un escaparate iluminado o el alféizar de una ventana pueden estropear un lote en semanas.
El calor acelera todas las reacciones químicas y hace que los terpenos se escapen. Trabajos citados por el equipo del Technion indican que la degradación de los terpenos se duplica aproximadamente por cada 10 °C de más. Por encima de 25 °C, la resina se vuelve además pegajosa y frágil.
El aire oxida lentamente cannabinoides y terpenos. En un estudio de cuatro años sobre placas de resina del centro forense nacional sueco (Grafström et al., 2019), las muestras expuestas al aire a temperatura ambiente perdieron entre el 64 y el 74 % de su cannabinoide principal, frente al 25 a 42 % de las aisladas del aire.
El exceso abre la puerta al moho; la falta deja los cogollos quebradizos y hace caer los tricomas. La zona segura es estrecha: una actividad de agua de 0,55 a 0,65, es decir, una humedad relativa del 55 al 65 % dentro de un tarro cerrado.
Cada apertura renueva el aire del recipiente, cada roce arranca tricomas y cada sacudida los desprende. Los dedos, además, aportan calor y grasa. Cuanto menos se toca un lote, mejor se conserva, y es el factor más fácil de controlar.
Para el día a día y para un stock con rotación, la franja de 15 a 20 °C es el mejor equilibrio. Es lo bastante fresca para frenar la pérdida de terpenos y lo bastante cercana a la temperatura ambiente para evitar los inconvenientes del frío (condensación, tricomas quebradizos). Más que la cifra exacta importa la estabilidad: un armario que pasa de 14 °C por la noche a 26 °C por la tarde hace que el recipiente «respire», y cada ciclo arrastra aire y humedad.
Los estudios a largo plazo muestran que el frío ralentiza todavía más la degradación de los cannabinoides, sobre todo en resinas y extractos. Un equipo italiano (Zamengo et al., Forensic Science International, 2019) siguió hachís y flores durante cuatro años: solo la congelación a menos 20 °C evitó una bajada significativa; la nevera no lo consiguió en ese periodo. Pero el frío tiene sus limitaciones, que explicamos en el apartado nevera y congelador. Para flores que deben seguir presentables, la referencia sigue siendo de 15 a 20 °C.
La humedad es el factor más técnico. Se suele hablar de «contenido de humedad», pero el dato que realmente cuenta es la actividad de agua (aw), que mide lo disponible que está el agua de la materia en una escala de 0 a 1. En un tarro cerrado, flor y aire acaban alcanzando el equilibrio, y entonces la humedad relativa del aire (en %) es igual a la actividad de agua multiplicada por 100. Un cogollo con aw 0,60 mantiene su tarro en torno al 60 %.
| Humedad relativa | Estado de la flor | Riesgo |
|---|---|---|
| Menos del 50 % | Seca, se desmenuza | Caída de tricomas, aroma apagado |
| 50 a 55 % | Firme, algo seca | Aceptable poco tiempo |
| 55 a 62 % | Flexible, el tallo cruje limpio | Zona objetivo |
| 62 a 65 % | Blanda, esponjosa | Límite alto, vigilar |
| Más del 65 % | Húmeda, olor a heno | Posible moho |
La norma ASTM D8197 mantiene la actividad de agua por debajo de 0,65 para prevenir el crecimiento de microorganismos y exige volver a secar cuando supera 0,68. La literatura técnica sitúa el límite práctico de la mayoría de mohos y levaduras en torno a 0,70. Entre 0,65 y 0,70 solo prosperan especies adaptadas a ambientes secos, pero el margen de seguridad ya ha desaparecido.
Por debajo de 0,55 la flor se vuelve quebradiza. Las cabezas de los tricomas, lo más frágil, se desprenden al mínimo golpe y acaban como polvo en el fondo del tarro. Una flor demasiado seca también se ve más apagada y pierde antes su bouquet. La propia norma ASTM fija ese mínimo de 0,55 para evitar roturas durante la manipulación.
Un higrómetro digital pequeño dentro de un tarro de control cuesta poco y evita sustos. Déjalo unas doce horas con el tarro cerrado antes de leer el valor, para que el aire se estabilice. Los profesionales usan medidores de actividad de agua, más precisos, y registradores con historial (ver stock profesional).
Un sobre bidireccional contiene una solución salina saturada dentro de una membrana que deja pasar la humedad del aire pero no el líquido. Si el aire del tarro está demasiado seco, el sobre cede humedad; si está demasiado húmedo, la absorbe. Así mantiene una humedad relativa fija, indicada en el envase. Es la forma más sencilla de quedarse en el rango correcto sin revisar el tarro a diario.
| Sobre | Resultado | Indicado para |
|---|---|---|
| 58 % | Cogollo firme y compacto | Almacenamiento largo, clima húmedo, cogollos densos |
| 62 % | Cogollo más flexible | Rotación rápida, clima seco, cogollos aireados |
Los desecantes de un solo uso, como el gel de sílice, trabajan en una sola dirección: absorben y nunca devuelven. Dentro de un tarro de flores acaban resecándolas. Su sitio es una caja de envío o un almacén, no el contacto directo con el producto.
El recipiente hace la mitad del trabajo. Debe bloquear la luz, cerrar herméticamente, no retener aromas y no aplastar la mercancía.

| Recipiente | Duración recomendada | Ventajas | Limitaciones |
|---|---|---|---|
| Tarro de cristal ámbar o anti UV | Largo plazo | Hermético, inerte, filtra UV | Frágil, guardar igualmente a oscuras |
| Tarro de cristal transparente | Largo plazo, en armario | Inerte, económico | Ninguna protección frente a la luz |
| Bote de acero inoxidable | Largo plazo | Opaco, resistente, inerte | No se ve el contenido, revisar la junta |
| Bolsa al vacío | Muy largo plazo | Casi sin oxígeno | Aplasta los cogollos delicados |
| Bolsa barrera opaca termosellada | Medio plazo, transporte | Ligera, opaca, discreta | Poco rígida, cierre imperfecto |
| Caja de plástico rígido | Corto plazo | Ligera, irrompible | Retiene olores, electricidad estática |
| Bolsa zip fina | Unos días | Práctica, barata | Deja pasar el aire, sin protección |
El vidrio es químicamente inerte: no cede nada ni absorbe nada. El vidrio ámbar, clásico de farmacia, frena la radiación por debajo de unos 450 nanómetros, lo que abarca los UV. Los vidrios violeta o negros filtran también parte de la luz visible. Aun así, ningún tarro sustituye a un armario cerrado: la oscuridad total es la mejor protección.
Los films de polietileno o polipropileno dejan pasar poco a poco el oxígeno y absorben parte de los compuestos aromáticos, de modo que la bolsa huele a flor mientras la flor se empobrece. El plástico acumula además electricidad estática, que atrae los tricomas hacia las paredes. Una bolsa zip sirve para llevar una muestra unos días; para guardar, cristal o acero.
Un tarro grande medio vacío encierra mucho aire, y por tanto mucho oxígeno. Elige un recipiente apenas mayor que la cantidad que guardas, llénalo sin apretar para que el aire circule entre los cogollos y prefiere varios tarros pequeños a uno grande: así solo abres el que necesitas.
Una resina es materia ya concentrada: tricomas reunidos, a menudo prensados, con mucha menos superficie expuesta al aire que una flor. Eso explica que aguante bien el paso del tiempo. Los trabajos de Lindholst (2010) sobre resinas y extractos guardados a menos 20 °C mostraron niveles de cannabinoides estables durante cuatro años. Aun así, la resina es sensible al calor, que la ablanda, y al aire, que oxida y oscurece su superficie.
El papel sulfurizado (papel de horno, mejor sin blanquear) no se adhiere a la resina y protege su superficie. Envuelve cada pieza por separado y colócala en un tarro o en una bolsa al vacío. Evita el papel de aluminio en contacto directo y el film transparente, que se pega y retiene aromas.
Para guardar una resina más de un año, la nevera y después el congelador cobran interés. El estudio sueco de Grafström no encontró cambios medibles en cuatro años en placas conservadas a menos 20 °C y a oscuras. Condiciones: un envoltorio totalmente hermético y dejar que el paquete se atempere antes de abrirlo (ver más abajo). Si quieres conocer mejor el producto, consulta la guía completa del CBD y la guía del CBG.
Los extractos (crumble, shatter, badder, wax y otras texturas) son los productos más ricos en cannabinoides y terpenos, y también los menos estables. En el estudio del Technion, los extractos se degradaban más rápido que las flores guardadas en las mismas condiciones. Hay tres amenazas principales: oxidación, pérdida de terpenos y cambios de textura.
La silicona alimentaria es cómoda porque nada se pega, pero deja pasar los gases: perfecta para unos días, mala opción para meses. Un tarro de cristal con tapa hermética, con un cuadrado de papel de horno si hace falta, es la solución de referencia a largo plazo.
Un extracto se conserva mejor en la nevera que a temperatura ambiente, y en el congelador para periodos muy largos. Lo que lo estropea son los cambios bruscos: cada paso de frío a calor genera condensación y puede alterar la textura. Saca el tarro, deja que se atempere cerrado, toma lo que necesites y vuelve a guardarlo enseguida.
Algunos extractos acaban «azucarados»: se forman cristales y la textura se vuelve granulosa. Esta nucleación la favorecen los cambios de temperatura, las impurezas, el polvo y la manipulación repetida. Un tarro limpio, frío constante y pocas aperturas la mantienen a raya. La cristalización cambia el aspecto, no la composición del lote.
Un extracto claro que pasa a ámbar oscuro, una superficie que se apaga o un bouquet que se desvanece son señales de oxidación avanzada. Llenar el tarro al máximo y abrirlo lo menos posible son las dos mejores defensas.
| Lugar | Temperatura | Ventajas | Riesgos |
|---|---|---|---|
| Armario | 15 a 20 °C | Estable, oscuro, sin condensación | Depende de la habitación en verano |
| Bodega o vinoteca | Unos 12 a 14 °C | Muy estable, oscura | Aire a menudo demasiado húmedo |
| Nevera | Unos 2 a 6 °C | Frena la oxidación de resinas y extractos | Aperturas frecuentes, olores, condensación |
| Congelador | Unos menos 18 °C | Muy largo plazo para resinas y extractos | Tricomas quebradizos, condensación al descongelar |
La nevera frena la oxidación, algo que interesa sobre todo a resinas y extractos. Con las flores plantea dos problemas: la puerta se abre continuamente, con lo que la temperatura oscila, y el aire húmedo entra en cualquier recipiente que no sea totalmente estanco. Si la usas, elige el fondo de una balda, nunca la puerta, y un tarro de cristal hermético.
Nada frena tanto la química como el congelador, como demuestran los estudios forenses de cuatro años. Pero a esas temperaturas las cabezas de los tricomas se vuelven frágiles como el vidrio y se desprenden al mínimo golpe. El estudio del Technion registró además la mayor caída de terpenos en flores guardadas a menos 80 °C. Para flores, congelar solo tiene sentido en un almacenamiento muy largo y sin tocarlas hasta que se hayan atemperado. Para resinas y extractos, es una opción excelente.
Nunca abras un recipiente frío: la humedad de la habitación se condensaría al instante sobre el producto. Deja que el tarro cerrado alcance la temperatura ambiente (varias horas si el volumen es grande) y después ábrelo. Evita recongelar el mismo lote: divídelo en porciones antes de congelarlo.
Una bodega ofrece justo lo que buscamos: oscuridad, una temperatura estable de 12 a 14 °C y ausencia de vibraciones. Su punto débil es la humedad, pensada para los corchos y a menudo por encima del objetivo de las flores. La solución: guardar ahí tarros herméticos con un sobre del 58 % o del 62 %. La bodega aporta estabilidad y el tarro mantiene su propio clima.
Para una tienda, un distribuidor o un mayorista, conservar es una cuestión de método. Un lote mal guardado se vende mal, o no se vende.

Comprueba el embalaje, el aspecto, el olor y el peso. Mide la humedad de una muestra antes de incorporar el lote al stock.
Referencia, número de lote, fecha de entrada y peso inicial. Una etiqueta clara evita errores de rotación y simplifica la trazabilidad.
Primero en entrar, primero en salir: los lotes más antiguos salen antes. La mercancía nueva se coloca detrás de la antigua, nunca delante.
Reparte un lote grande en envases de venta o sublotes. El recipiente principal sigue cerrado y conserva su clima.
Un registrador por zona, con historial y alertas si es posible. Una desviación detectada a tiempo se corrige fácilmente.
Entradas, salidas, lecturas de temperatura y humedad e incidencias. Ese registro también es valioso ante una inspección o una reclamación.
| Producto | Temperatura | Humedad | Recipiente recomendado |
|---|---|---|---|
| Flores | 15 a 20 °C | 55 a 62 % HR | Cristal opaco o ámbar, sobre 58 o 62 % |
| Resinas prensadas | 15 a 20 °C, frío más allá de un año | Aire seco, sin sobre | Papel de horno y bolsa al vacío |
| Resinas tamizadas | 15 a 20 °C o nevera | Aire seco | Tarro pequeño de cristal lleno |
| Extractos | Nevera, congelador a largo plazo | Recipiente estanco | Cristal hermético, papel de horno |
Un buen almacén es oscuro, templado y seco: sin ventanas o con ventanas tapadas, con aire acondicionado o al menos sin paredes expuestas al sol, y con un deshumidificador si el ambiente supera a menudo el 65 %. Las estanterías se colocan lejos de fuentes de calor y los recipientes permanecen cerrados fuera de la preparación de pedidos. Los profesionales que quieran organizar su suministro encontrarán nuestras condiciones en la página de mayorista de CBD y en nuestro catálogo profesional.
En cuanto a calidad, nuestros lotes se analizan en laboratorio y la trazabilidad por lote vincula cada recipiente con su referencia. Para valorar la materia antes de hacer stock, puedes pedir una muestra.
Con una lupa, los tricomas parecen pequeñas setas de cristal, con un pie y una cabeza redonda, ordenados y brillantes. El moho forma filamentos enmarañados y mates que unen varias zonas como una telaraña. Ante la duda, aísla el recipiente, no lo mezcles nunca con otro lote y avisa a tu proveedor.
Falso. Una flor demasiado seca pierde tricomas y bouquet. El objetivo es una humedad controlada, no ausencia de humedad.
No para flores que se manipulan. El frío extremo vuelve quebradizos los tricomas y al descongelar aparece condensación. Para resinas y extractos bien envueltos, en cambio, es excelente.
Rara vez. Aperturas constantes, olores y aire húmedo la convierten en un lugar inestable. Un armario fresco y oscuro funciona mejor.
Un truco antiguo y arriesgado: aporta humedad sin control, olores ajenos y un terreno fácil para el moho. Un sobre bidireccional hace lo mismo sin riesgo.
Un estudio de 2020 (Bueno et al.) sustituyó el aire de los tarros por argón: la pérdida de terpenos en flores jóvenes fue similar a la de las muestras de control. Temperatura y estanqueidad pesan más.
Una flor bien conservada mantiene lo esencial de su perfil durante meses. En el estudio de Bueno, flores de un año perdieron solo cerca de un 9 % de terpenos en cuatro semanas, frente a casi la mitad en flores cosechadas un mes antes.
El transporte concentra en pocos días a todos los enemigos de la conservación: golpes, cambios de temperatura, presión. Un buen embalaje de envío se apoya en tres capas.
Nuestros paquetes salen con embalaje discreto y seguro, con seguimiento incluido. Al recibirlo, abre la caja en una habitación templada, deja que el contenido se atempere si ha viajado con frío, revisa el aspecto y pasa todo enseguida a tus recipientes de almacenamiento. Los plazos dependen del destino y del transportista; simplemente evita dejar un paquete en un coche o un buzón al sol.

Nuestros productos presentan un nivel de Delta-9 THC inferior al 0,3 %, verificado mediante análisis de laboratorio. Las normas sobre el cáñamo y los cannabinoides cambian de un país a otro y pueden evolucionar: cada comprador debe comprobar la legislación de su país antes de pedir o revender. Nuestra guía país por país ofrece una primera visión general.
Los productos se presentan como artículos de colección no destinados al consumo. Esta guía trata únicamente de la conservación de las materias, su aspecto y su perfil aromático.

Flores, resinas y extractos analizados en laboratorio, trazabilidad por lote y consejos de almacenamiento para profesionales. Cuéntanos tu proyecto.
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Referencias
Las preguntas que más nos hacen sobre cómo guardar flores, hachís y extractos.
En un tarro de cristal hermético, lleno sin apretar, en un lugar oscuro entre 15 y 20 °C y con una humedad relativa del 55 al 62 %. Un sobre de humedad bidireccional ayuda a mantener ese rango. Evita la luz, el calor, las aperturas frecuentes y las bolsas de plástico fino.
Idealmente entre 15 y 20 °C, en un lugar fresco, seco y protegido de la luz. La estabilidad importa tanto como la cifra: evita las habitaciones que se calientan por la tarde. Para guardar resinas o extractos más de un año, la nevera o el congelador son una opción con un envase estanco.
Una humedad relativa del 55 al 62 % dentro del recipiente cerrado, que equivale a una actividad de agua de 0,55 a 0,62. La norma ASTM D8197 fija 0,65 como límite superior frente al moho y 0,55 como límite inferior para evitar roturas.
El 58 % encaja con almacenamientos largos, climas húmedos y cogollos densos. El 62 % deja la flor más flexible y conviene en climas secos y con stock de rotación rápida. Ambos están dentro del rango recomendado. Cambia el sobre cuando se endurezca.
En su envase original y en condiciones óptimas (lugar fresco, seco y oscuro, idealmente entre 15 y 20 °C), las flores se conservan hasta 12 meses. Los terpenos son lo primero que disminuye, así que un recipiente que se abre a menudo o que recibe luz acorta mucho ese plazo.
Se puede, pero rara vez aporta algo a las flores. La nevera se abre continuamente y su aire es húmedo. En el congelador los tricomas se vuelven quebradizos y al descongelar aparece condensación. Si congelas, usa un recipiente estanco y deja que se atempere antes de abrirlo.
Envuelve la resina en papel de horno y colócala en un tarro de cristal hermético o en una bolsa al vacío, en un lugar seco y oscuro. Las resinas prensadas toleran bien el vacío. Para el muy largo plazo, el frío ralentiza aún más su envejecimiento.
En un recipiente de cristal hermético, con un cuadrado de papel de horno si hace falta, en la nevera para el medio plazo. La silicona sirve para unos días. Limita las aperturas y los cambios de temperatura, que favorecen la oxidación y la cristalización.
Solo para unos días. El plástico fino deja pasar el oxígeno, absorbe parte del aroma y atrae los tricomas por electricidad estática. Para almacenar, mejor cristal o acero hermético.
Una flor estropeada cambia de color (amarillo, marrón), pierde su bouquet o huele a heno. Una flor con moho muestra una pelusa blanca o gris en filamentos, puntos oscuros u olor a humedad. Los tricomas, en cambio, son brillantes y bien formados. Ante la duda, aísla el lote y retíralo de la venta.
Revisión al recibir, etiquetas con lote y fecha, rotación FIFO, fraccionamiento para no abrir el lote principal, termohigrómetros con registro en cada zona y un libro de entradas y salidas. El almacén debe mantenerse oscuro, templado y seco.
Los paquetes salen con embalaje discreto y seguro y con seguimiento incluido. Al recibirlos, deja que el contenido alcance la temperatura ambiente, revisa su aspecto y pasa los productos a recipientes adecuados para su conservación.
Para seguir leyendo
Cada guía te acerca al producto adecuado. Recorre la serie o ve directamente al catálogo.